Nos habíamos acostumbrado a ti, José, Pepe.
Tu sonrisa mañanera era la campana de nuestra escuela la que cada día nos daba la salida para una nueva jornada de cuentas, dictados, charlas, ejercicios, etc..... La misma sonrisa que nos despedía cada mañana cuando acabada la labor salíamos y te dejábamos dentro del edificio en que parecías vivir.
En una escuela como la nuestra presumimos de que cada dia todos y todas aprendemos algo y cada día también todos y todas enseñamos algo, no solo el profesorado. De ti aprendimos la amabilidad perpetua, el espíritu de servicio, las ganas de superarte cada día . Cantiñeando por bajinis cuando la ocasión lo permitía, tus coplas se colaban bajito por debajo de la puerta de la oficina y de las aulas y mas de una vez nos hemos parado a escuchar tu compàs amigo.
Hemos vivido muchas cosas juntos y no solo de nuestra vida profesional. También en la vida familiar hemos compartido durante muchos años la penas y las alegrías.
Hoy empiezas a dejarnos o por lo menos a no ser tan habitual por nuestra escuela. Disfruta del descanso que te has ganado pero queremos que sepas que siempre te consideraremos uno de los nuestros y que será para todo el mundo una alegría verte aparecer por aquí cada vez que quieras.